 |
| Manifestación leonesista el 24 de abril de 2011 |
Hoy se hacen eco los medios provinciales de que, una vez más, las fuerzas políticas leonesas (algunos, autodenominados leonesistas) rindieron homenaje ayer, por separado, a los héroes leoneses que se alzaron contra Napoléon durante la Guerra de la Independencia, ensalzando el papel de la capital leonesa, el 24 de abril de 1808, como primera de España en alzarse contra el invasor francés. Lo que hace unos años era un reportaje a doble página en el Diario de León es hoy un pequeño espacio en la parte baja de una página cualquiera del mismo periódico. Lo más destacado de la noticia es que cada uno hace la "guerra" por su cuenta: por un lado, Pelines y su PAL (De Francisco incluso dice que los leoneses "se alzaron en una lucha sin cuartel por las calles de León" - no había franceses en León); y por otro la UPL camuflada bajo la enseña de comunidadleonesa.es.
Una vez al año (curiosa e irónicamente este año ha coincidido con el Aberri Eguna vasco...) asistimos a esta manifestación de ignorancia en la capital, que sirve para que "leonesistas" de diverso pelaje pongan su granito de arena para contrarrestar el impacto de la fiesta de Villalar, que se celebra el día 23 de abril.
El momento de mayor impacto de este reiterado episodio se dio en el año 2008, cuando se cumplían los 200 años del inicio de la invasión napoleónica de España. Por aquel entonces, una UPL acomodada en el Ayuntamiento de León, en la que destacaba la figura de la eterna promesa política del leonesísmo, Abel Pardo (aquel, ahora desparecido, que se vio envuelto en el escándalo de la Llionpedia por artículos donde se hacía apología del nazismo y se negaba la existencia del holocausto judio...), planteó la posibilidad de instaurar el 24 de abril como fiesta local in aeternum para honrar la memoria de los heroes leoneses que, capitaneados por don Luis de Sosa, se alzaron 200 años atrás contra un supuesto ejército fantasma que entonces ocupaba León. Querían incluso levantar un monolito que recordara a Fernando VII, probablemente el peor rey de la historia de España, que pagó al bueno de Sosa su hazaña metiéndolo en prisión cuando regresó de Francia y reinstauró el absolutismo. Rápidamente me vi en el deber de hacer público el tamaño de la mentira con que el leonesismo quería hacernos tragar y, casi igual de rápido, empecé a hacer amigos en tan singular patio. Sicario del PP y listillo de tres al cuarto fueron los adjetivos más bonitos que se me aplicaron en aquel momento cuando los medios me dieron voz para intentar frenar aquella locura. Aunque recibí el apoyo del profesor Carantoña de la Universidad de León, y de varios investigadores vinculados a la Universidad de Valladolid (fatal pecado), el leonesismo no entró en razón, si bien el ayuntamiento se vio obligado a dar un paso atras y abandonar la idea convertir en eterna la fiesta. Sólo fue festivo en 2008. También se logró que la placa conmemorativa que se colocó en la plaza mayor estuviera dedicada "A los leoneses que en 1808 se levantaron por la libertad y la independencia de su país", que los hubo, y no a los heroes que el 24 de abril plantaron cara a Napoleón o algo semejante.

 |
| Libro de Patrocinio García |
Un día de aquellos, el profesor Carantoña, Patrocinio García (autora de una tesis doctoral sobre la Guerra de Independencia en León), y yo mismo, fuimos citados para un debate en una radio local con un representante de comunidadleonesa.es de cuyo nombre no quiero acordarme. Aquella persona defendía a capa y espada la hazaña leonesa y, además, explicaba que se había formado un ejército en aquel momento en la ciudad. Al explicarle los hechos documentados que negaban tal afirmación nos respondió algo parecido a lo siguiente: "...no me importa si es verdad o mentira, lo importante son los años que León lleva reivindicando este hecho..." ; atónitos los tres universitarios, decidimos que la discusión no llegaría a ninguna parte.
Terminado aquel estresante año, la celebración se ha seguido llevando a cabo con un exito limitado y, por suerte, en el resto de España no tiene eco alguno, lo que evita que los círculos académicos se rían de nosotros.
No tengo intención alguna de entrar en una guerra anual con gente que no atiende a razones, por lo que mi único objetivo es dar mi versión de los hechos, que tengo perfectamente documentada por si alguien estuviera interesado en comprobarlo. Así, haré justicia a don Luis de Sosa y a aquellos héroes, leoneses o del resto de España, que se sacrificaron de una u otra manera por la independencia de su país, viendose pronto traicionados por el rey a quien amaban, Fernando VII. Si es necesario recuperaré este artículo año tras año...
HISTORIA DEL 24 DE ABRIL DE 1808
Las tropas francesas campaban a sus anchas por España. El 23 de marzo había llegado Joaquín Murat, gran duque de Berg, a Madrid para dirigir a los franceses. Al día siguiente entró en la capital un Fernando VII alabado por el pueblo, que le veía como el soberano destinado a terminar con el despotismo de Godoy. A pesar de esto, el Emperador tenía otros planes para el trono español, por lo que mandó reunir a los Borbones en Bayona. El rey Fernando abandonó Madrid el día 10 de abril, lo que se sumó a la propaganda francesa a favor de Carlos IV y Bonaparte, para provocar el descontento de la ciudad, manifestado en un fuerte tumulto que tuvo lugar el día 20 como nos cuenta Toreno. Del mismo modo, el día 21, extendida la noticia de la intención de Napoleón de restablecer al anterior Rey (Carlos IV, que había abdicado en su hijo tras el motín de Aranjuez) en el trono, estalló también una revuelta ciudadana en Toledo con gran virulencia. Aunque el suceso de la capital manchega probablemente no fue conocido en León, si lo fue el de Madrid, que sirvió como detonante de la asonada del 24 de abril, y por lo tanto, anterior. Como acertadamente ha señalado García Gutiérrez, muchas han sido las voces que, desde prácticamente la época del conflicto hasta la actual, han querido destacar a León como la primera ciudad en levantarse contra la invasión francesa aquel día, pero sus afirmaciones distan mucho de la realidad ya que no se dio grito alguno de independencia. Don Luis de Sosa fue protagonista de los hechos y encargado de redactar una representación destinada al rey explicando lo ocurrido. De aquel texto se deduce que hacia las diez de la mañana, hora de la llegada del correo, comenzó a correr el rumor de lo ocurrido en Madrid el día 20. Ante aquellas habladurías, los leoneses fueron reuniéndose en las calles y, alentados en un momento dado por “…un compatriota fiel…” que estaba entre ellos, comenzaron a gritar vivas al rey y muerte a los conspiradores y malvados. Son estos los términos que usa Sosa en su escrito y no se ve por ninguna parte alusión a los franceses, sino más bien a Godoy, a quien se refiere como “…un Balido que avusó de la notoria xurisdición y beneficencia de vuestros Padres Augustos”. La multitud recorrió las calles agrupándose en torno al Ayuntamiento, pidiendo los pendones de la ciudad para proclamar el nombre del Soberano; los regidores se sumaron al entusiasmo popular y encabezaron una procesión con los estandartes y con un retrato de Fernando VII de pequeño tamaño que colocaron entre ellos, quedando pendiente para las tres de aquella tarde la colocación de un retrato mayor en el balcón principal del Consistorio. Sosa finaliza la nota al rey informándole del entusiasmo de muchos mozos que quisieron inscribirse en listas de voluntarios dispuestos a sacrificar sus vidas por él. (De aquí procede la afirmación de la formación de un ejército de voluntarios en León aquel día de cuya existencia no queda ningún otro rastro. Si se formó este ejército...¿por qué al formarse la Junta Suprema de León a finales de mayo de 1808 procedió a reclutar los cuerpos de voluntarios de León sin mencionar en ninguna parte a los voluntarios del 24 de abril? Tal vez el PAL o la UPL tengan la respuesta). En este momento, cabe que nos preguntemos si eran ciertas las afirmaciones de García Luengo respecto a que don Luis hubiera sido el incitador de la algarada. Sosa no era un engreído, pero desde luego, tampoco era modesto. Por esta razón no sería arriesgado afirmar que si realmente él hubiera sido el principal protagonista, lo habría hecho constar en su declaración y no se habría disfrazado como un compatriota fiel. Tampoco a lo largo de sus días, en sus múltiples solicitudes de reconocimiento de méritos, llegó a reivindicar para él aquel galardón, sino solamente un elevado protagonismo en los hechos. ¿Quién fue entonces el compatriota al que aludía en su escrito? ¿Qué personaje exaltó el ánimo del pueblo en aquella mañana de Abril? La respuesta la encontraremos en las actas de la Junta. Don Valentín González Mérida, escribano hijo del futuro vocal de la Junta y secretario del Ayuntamiento don Félix González Mérida, colaboró activamente en la resistencia contra los franceses y escribió una relación de servicios prestados que presentó a la Junta el 26 de noviembre de 1809. Aquel día solicitó además un atestado que certificara que había sido él el primero en tomar las armas en aquella famosa jornada. La Junta se lo concedió sin dudarlo e hizo elogios de su conducta. No sabemos lo que opinaría don Luis al respecto ya que entonces ya no se hallaba reunido con los vocales, pero la unanimidad de los mismos en otorgar el mencionado atestado parece certificar que, efectivamente, Mérida decía la verdad. Sin embargo, es evidente que el protagonismo de Sosa, a pesar de exagerado, no dejaba de ser cierto, lo que le granjeó las simpatías del pueblo y de algunos notables de la ciudad, como lo demuestra su elección posterior como vocal en la Junta Suprema. No perdería en otras ocasiones la oportunidad de utilizar aquel episodio en su favor, como hizo en 1815 al solicitar al Ayuntamiento que diera fe de lo sucedido. Bernardo Escobar declararía entonces que “…don Luis de Sosa fue uno de los sujetos que en la mañana del veinticuatro de abril de 1808 se presentaron en mi casa manifestando su odio al gobierno intruso, su decidido amor al verdadero soberano, y su deseo de que se le proclamase, que habiendo salido yo enseguida con un retrato de nuestro amado Rey y dirigiéndome a las casas consistoriales de San Marcelo y desde allí a las de la Plaza (Mayor), me acompañó constantemente y procuró exaltar a todos para que lo hiciesen y vitoreasen a S. M.; que en la Proclamación que se hizo por la tarde, llevando yo el retrato de nuestro rey que Dios Guarde, según el acuerdo del Ayuntamiento y deseo del pueblo, desde las casas de San Marcelo por las calles más principales hasta colocarle en las de la Plaza, fue uno de los que me acompañaron de a caballo manifestando el mayor entusiasmo y alegría, y que habiéndole por lo mismo encargado pusiese el parte de lo acaecido lo hizo, y fue el que yo, de orden del Ayuntamiento remití a la Regencia del Reyno, cuyo presidente era su alteza, el Señor infante Don Antonio, el que ella mandó insertar en la Gaceta del Gobierno, y mandó suprimir Murat haciendo recoger las anteriores”. Respecto a la orden de Murat a que se refiere el regidor, don Luis dejó escrito que el francés, al ver publicado el parte referido, mandó que se quemasen todas las gacetas de aquel número y se reimprimiesen con supresión de dicha noticia. La intención del general sería la de evitar la propagación de un espíritu levantisco y que en la capital se supiera que también en provincias había agitación. Es fácil imaginar al antiguo Guardia de Corps cabalgando con aire solemne acompañando a Escobar y a Mérida flanqueando el retrato del Deseado, a quien tanto amaba y de quien tan poco recibiría. El griterío de las gentes y la solemnidad que aportaban los estandartes les hicieron creer que protagonizaban un episodio mucho más importante de lo que en realidad fue, pues los hechos del 24 de abril –que tuvieron como precedentes al menos los de Madrid y Toledo– fueron simplemente una mas de las revueltas populares de esos días surgidas frente a la posibilidad del retorno del viejo monarca y de su impopular ministro, Manuel Godoy.
Luis de Sosa no era ningún héroe militar como ya he demostrado en mi artículo “Los Voluntarios de León bajo el mando de Luis de Sosa: marzo-agosto de 1809”, en El comienzo de la Guerra de la Independencia, Actas Editorial, Madrid, 2009. ISBN – 978-84-9739-079-8, sin embargo, fue uno de los personajes más importantes de la primera mitad del siglo XIX en León, y merece ser recordado por sus méritos, no por invenciones.